
Hace un par de días vi el primer episodio del remake de V, la serie que tanto me entusiasmó de pequeño y que vista de nuevo pierde un poco al resultar un tanto infantil, pero deja un muy buen sabor de boca.
El remake de The Visitors, que os anunciamos hace un tiempo, ya está siendo emitido semanalmente y he de decir que de momento me ha gustado bastante. En este primer episodio tiene lugar aquello que todos esperábamos: la consabida llegada de las naves nodriza a las principales ciudades de nuestro planeta. Y qué queréis que os diga, pero lo que le falta a muchas ciudades para ser perfectas es una buena nave nodriza sobrevolándola (y ya el colmo de lo bonito es que tenga un monitor gigante con el bello rostro de una estupenda líder extraterrestre). Judgad vosotros mismos si me equivoco...
Pese a que el planteamiento es idéntico, hay sutiles diferencias, todas ellas muy acertadas, excepto una. La sombra que proyecta el remake de Galáctica alcanza a este otro remake. En el remake de V, los lagartos llevan infiltrándose entre nosotros desde hace mucho tiempo (tipo células durmientes, como los cylones) y sólo algunos humanos conocen ese secreto. Por lo visto, la última fase de su malévolo plan de dominación de la Tierra es precisamente el que acaban de llevar a cabo: presentarse como recién llegados en busca de ayuda y proporcionando «la purga de Benito» para todos los males que nos aquejan a base de su alta tecnología: nos prometen remedios para todo, para las enfermedades, para el niño que no come, para las manchas de las cerezas e incluso para el suelo que no brilla. ¿Quién podría negarse a darles un vaso de agua y dejarles establecerse hasta que reparen sus naves?

Como decía, todo resulta positivo a excepción de una tergiversación muy muy gorda a mi parecer. En la antigua serie, la V pintada de rojo simbolizada el espíritu de la resistencia, significaba que los humanos no se iban a dar por vencidos, que iban a luchar hasta el límite de sus fuerzas, hasta la última gota de sangre si fuere menester, de ahí que fuera rojo el símbolo, porque los humanos somos indomables. Era la V de la victoria y se pintaba alegremente sobre los carteles con que los visitantes empapelaban nuestras paredes.
Pues ahora no, amigos de zombiblogia; ahora la hermosa pintada que otrora denotaba nuestro orgullo terráqueo, que nos unía a propios y extraños contra un enemigo común (estos malditos lagartos nazis from outer space), no es otra cosa que un signo de bienvenida a los visitantes. La V ya no es VICTORY, sino VISITORS. Aquí me he indignado un poco, la verdad. Igual han pensado que quedaba muy nazi la antigua esvástica moderna que lucían los lagartos de la antigua serie y que ahora debían adoptar ellos la sacrosanta V que tantas alegrías nos dio de niños a todos. Pues qué queréis que os diga, pero se han equivocado.


Otro factor poco elegante de la serie, por ponerle otra pega (aunque ya os he dicho que me ha gustado bastante), es que emplean versiones de última moda de las famosísimas bolas asesinas de la saga Phantasma del bueno de Coscarelli. Admito que no tienen nada que ver de aspecto, pero sí en cuanto a su funcionamiento. Yo me acordé automáticamente de las bolitas de la funeraria, ya me diréis si no os las recuerdan a vosotros también.

No os digo mucho de los personajes, prefiero que los descubráis por vosotros mismos. Pero básicamente los papeles son todos muy similares, aunque la doctora ahora es del FBI (es la other buena de LOST) y es ella la que tiene el hijo que se volverá colaboracionista (sólo porque una lagartona se la pone morcillona), y Donovan es un cura (es que han buscado a un actor clavado a Marc Singer). ¡Un cura! Eso me ha gustado mucho (y también su frase de: «no puedo conciliar la idea de Dios con la de que existan extraterrestres»).
Ya tenemos otra interesante serie de tintes apocalípticos (a fin de cuentas pretenden acabar con la humanidad) con la que pasar buenos ratos.
Os dejo con la promo del episodio piloto:































































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