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15 de abril de 2013

Especial series británicas: Survivors de Terry Nation


El motivo de dedicar estos artículos a series británicas es que, sobre todo desde mediados de los setenta, sientan las bases de las que partirá la ficción milenarista posterior. Escenas hoy habituales del género apocalíptico nacieron de multitud de episodios emitidos por la BBC en esos dorados años.


¿A quién no le gusta presenciar el típico primer ataque para ver cómo lo resuelven en esta o aquella película de zombis? ¿Y la escena del aprovisionamiento en el supermercado? ¿Los primeros conflictos entre supervivientes armados? ¿Gasolina o diesel, bicicletas o caballos? Todos estos planteamientos tan reconocibles hoy día se fraguaron en gran medida en la serie británica que nos ocupa hoy: Survivors (1975-1977). Con anterioridad, hemos hablado del remake que hubo hará unos años. Pero la original, como comprenderéis, precisa del trato de honor que le corresponde.


Terry Nation, galés creador de esta serie, había alcanzado la fama hace más de una década con el guión de la segunda temporada de Doctor Who, gracias al éxito de sus daleks. Probablemente llevado por las mismas musas hippies que impulsaban al londinense John Seymour a bucar la autosuficiencia por aquellos mismos años, creó la que se podría calificar como la primera serie televisiva postapocalíptica propiamente dicha. La premisa es conocida hoy, pero hay que valorar que realmente se trató de la primera vez que se usaba: el 99% de la población mundial fallece de una gripe que ríete tú de la del dieciocho. Me encanta el científico oriental al que se le cae el matraz que parece contener la bacteria. El tipo sale de ahí a grandes trancos sin mirar atrás, pero cuando aterriza en Moscú uno no sabe si es que le empieza a doler la cabeza o es que se está echando el bálsamo del tigre, tan popular en la época.


Los afortunados (aunque eso está por ver) que sobreviven, lo hacen porque son inmunes, pero tan solo lo son a ese determinado tipo de gripe que casi extermina a los humanos. El frío, el hambre, la sed, el fuego, las alimañas, la peste, la otredad («¡el infierno son los otros!»), ¡una simple torcedura de tobillo o un nada sofisticado pero mortal catarro!, todo representa una amenaza ahora para ellos. Y deben sobrevivir. O morir en el intento. Esto no es LOST, aquí no hay concesiones, segundas oportunidades, descamisados o moreno de rayos uva. Esto es real, totalmente real. El único punto de ficción es la premisa de la plaga desde la que parte la serie. La primera temporada se centra entonces en las desventuras de un grupo de supervivientes en una zona rural de Gales. Abby Grant, interpretada por la bellísima Carolyn Seymour, mitad rusa, mitad irlandesa, es la líder del grupo y la madre coraje que no se resigna a creer que su hijo pueda estar muerto.


Ian McCulloch, sí, el de las pelis italianas de zombis, un gigantón escocés nacido en plena Segunda Guerra Mundial, interpreta a Greg Preston, un ingeniero y piloto de helicóptero transformado involuntariamente en granjero aguerrido. Resulta que McCulloch había sido un oficial nazi en Where Eagles Dare, lo que es sin duda un papelazo por pequeño que fuera. Y sale en un capítulo de La fuga de Colditz. ¿Qué mejor currículum, por Mitra? Finalmente acabó protagonizando nada más y nada menos que un clasicazo: Contamination. Sumado a haber sido el héroe de Nueva York bajo el terror de los zombis, este tipo engloba en su persona haber protagonizado las versiones espagueti tanto de Dawn of the Dead como de Alien. ¿Se puede pedir más en esta vida?


Y Lucy Flemming es Jenny, la buena y dulce Jenny. Cabe destacar la interpretación de Talfryn Thomas como el vagabundo galés que trata de sacar siempre partido de una situación, por muy adversa que se muestre. No os esperéis grandes tiroteos, cabezas volando segadas por cartuchos del calibre doce, persecuciones en todoterreno ni nada efectista. La serie se vale de inteligentes elipsis para narrarnos la historia con una gran economía de medios (aunque tampoco es que los hubiera). El movimiento de la cámara no aporta nada nuevo en realidad, pero poco importa, porque lo que hace a esta serie una joya milenarista es aquello que está más cuidado y en lo que sus artífices ponen el énfasis: el guión, la narración de esta alegoría distópica y posmoderna que versa, fundamentalmente, sobre las dificultades intrínsecas de la vida en la comuna, y en definitiva, de la vida en común. 





Realmente, Terry solo está involucrado en la primera temporada. Por desavenencias con la producción (me imagino la solicitud de un aumento y la negación del mismo), dejó la serie al finalizar la primera temporada. Con él se fue Carolyn Seymour, muy airada también, y con ella la guapa de la serie. Así que el protagonismo recae sobre Ian, nuestro escocés que pronto mataría zombis bajo la batuta de Fulci o de Girolami. La segunda temporada se comienza a centrar en problemas de supervivencia a largo plazo: la cosecha, el embarazo, la amistad, el recelo del extraño, la responsabilidad que conlleva poseer algún conocimiento, las enfermedades, el amor, la tecnología, la confección de un censo de la población, el reestablecimiento de las relaciones internacionales. Algo asombroso. En resumidas cuentas, un rollo mucho más hippie, orientado totalmente hacia la sostenibilidad en la vida natural, la autosuficiencia en ese mundo salvaje y peligroso, como recreación de la filosofía natural propia de aquellos años, enfocada a la búsqueda de la manera de vivir al margen del mundo capitalista. Aunque nuevamente no solo el ambiente les será hostil… Se suele decir, con mucha ligereza, que con la salida de Terry Nation la serie perdió algunos enteros, pero en mi opinión simplemente se trata de una evolución natural. Poco a poco los humanos bastante tienen con el reto de sobrevivir al día a día, como para seguir fastidiándose entre sí. No obstante lo harán, pero a otro nivel. Acaso con el uso de una violencia soterrada, casi de carácter psicológico. Aunque nadie desdeñará el uso de la fuerza llegado el caso. El gran problema que se desvela en la segunda temporada es que el verdadero enemigo a batir es la propia fragilidad del ser humano. Quizá el mayor éxito que tienen los guiones de los cómics (y digo los cómics) de Kirkman de The Walking Dead sea esa similar atención por la psicología de los personajes, sus motivaciones, sus miedos y las conversaciones que en torno a estos temas surgen entre ellos. Una suerte de intrahistoria postapocalíptica. Y qué queréis que os diga, pero hay una escena que bien parecía la de un taxista paquistaní llevando a una doctora de Gales hasta un oscuro Londres postapocalíptico preñado de cadáveres pudriéndose y ratas infestadas de pulgas. Se ha de ir con las ventanillas bajadas y, aunque no fumes, preferirás encenderte un pitillo con tal de mitigar el hedor. Las pistolas son para espantar a las ratas. Y no queráis ni imaginar cómo es el metro… Afortunadamente, los supervivientes que habitan ciertas espacios del metro londinense tienen acceso fácil a películas y proyectores, que reparan la cordura hasta cierto límite, y tecnología que facilita la comunicación. Bueno, ¡y tabaco! ¡Agua caliente, jabón! ¿Preferís el campo o la ciudad, eh, amigos milenaristas? Aquí entrará en escena, probablemente por vez primera (en el sentido en que a partir de aquí se usaría en el cine apocalíptico) la transmisión emitida por radio que anuncia un paraíso allende los mares.




La tercera temporada sigue esos mismos derroteros hasta alcanzar cotas realmente originales y sorprendentes. Mejor no desvelar nada concreto al respecto. Descubridla capítulo a capítulo. Baste decir que en ella asistiremos al viaje de algunos de estos supervivientes por todo el Reino Unido, y comprobaremos lo duro que es permanecer con vida para ellos y para muchas de las comunidades que visitan. Contemplaremos un mosaico folk postapocalíptico inteligente, conmovedor y genuino. Y os asombrará el método de transporte del futuro de esta hermosa fantasía posmoderna y distópica… Recordad por encima de todo la época en que fue creada la serie: 1975-1977. Antes del boom del cine apocalíptico ochentero. Se podría afirmar que esta serie fue el verdadero detonante de casi todo lo bueno que vino después en el género apocalíptico… El Dawn de Romero es de 1978.



Os dejo con un vídeo en el que recojo algunos de esos momentos inolvidables de los primeros episodios.

15 de octubre de 2012

The Walking Dead: apocalipsis zombi ya


La editorial Errata Naturae ha tenido a bien hacerme llegar un ejemplar de su homenaje al fenómeno zombi que llevara al cómic Robert Kirkman en (y desde, porque ahí sigue) 2003 y que ahora se ha convertido en la serie más vista en Estados Unidos, de la cual está al caer la tercera temporada. Y el libro es precioso, de un naranja zombiblógico conmovedor, con una encuadernación rústica pero con cubierta de buen gramaje y solapas, lo que le aporta una buena consistencia.

Todavía no he terminado de leerlo, (la emoción ha hecho que escriba este artículo) pero ya puedo afirmar que sus páginas parecen repletas de cariño por nuestros queridos morts vivants, y que muchos de sus textos ofrecen una visión acertada y juiciosa acerca de este fenómeno de masas en que se ha convertido la serie, tanto en su versión impresa como la televisiva.

Entre sus páginas podréis encontrar un concienzudo artículo de la pluma de mi amigo Álvaro Fuentes, el papá del boom editorial zombi en este país, del que hablo bien siempre no porque sea mi amigo, sino que se ha convertido en mi amigo merced a su profundo conocimiento sobre la materia inerte pero reanimada (y bueno, porque para colmo es un tío bien majete, qué demonios).

Por aquí ya sabéis lo que opino acerca del sacrosanto trabajo realizado por Robert Kirkman, y que la primera temporada de la adaptación televisiva me dejó un sabor de boca amarguísimo. Afortunadamente, parece que los errores cometidos les sirvieron para confeccionar una muy acertada segunda temporada, por lo que espero que la tercera siga esa línea ascendente y mejore todavía más.

Acerca del libro quisiera destacar la curiosa inclusión de un relato de Poe para cerrarlo. Se trata del cuento La verdad sobre el caso del señor Valdemar, un relato en el que a través de una suerte de hipnotismo temprano o mesmerización magnética, o como os apetezca definirlo, se induce en el pobre del señor Valdemar, a la sazón in articulo mortis, a puntito de morir de tuberculosis, un estado catatónico para que no fallezca… del todo, o algo así. Los resultados fueron espeluznantes, como ya nos mostrara Narciso Ibáñez Serrador. En buena ley no se trata de un zombi propiamente dicho, pero sí que es un hermoso ejemplo, al menos, de no-muerto. Os dejo con el trailer de Two Evil Eyes, película que incluye la adaptación que de este relato hiciera en su día George Romero, con una mirada mucho más «muertoviviente», como cabía esperar.

27 de enero de 2011

Surviving disaster


Todos sabéis quién es a estas alturas Bear Gryls, conocido por sus programas El último superviviente (Aka A prueba de todo en Latinoamérica, Man Vs. Wild en los EE UU). Pues bien, hace poco pude poner mis asombradas pupilas milenaristas en un programa que lo supera con creces: Surviving disaster, presentado por Cade Courtley, un antiguo Navy Seal que ahora se forra el riñón con programas de este tipo. Y, sinceramente, es mucho mejor que el de Gryls (aunque éste también ha abandonado la naturaleza y ha sacado un nuevo programa titulado Supervivencia urbana, que aún no he visto, pero que podéis ver aquí online).


Surviving disaster es un entretenido y apasionante programa de supervivencia que nos muestra qué hacer y qué no en condiciones desastrosas, bien por causas naturales (terremotos, hundimientos en alta mar, etc.) o provocadas por el hombre (el episodio del ataque terrorista en un centro comercial fue el primero que vi y me encantó).


Si vivís en España o tenéis oportunidad de ver el canal Nitro de Antena 3, podréis ver los episodios de esta interesante serie los miércoles por la noche (justo antes del programa de las muertes absurdas, que también tiene su miga). Ayer mismo emitieron el episodio correspondiente a cómo sobrevivir a una pandemia. Algo muy al estilo de Carriers, una excelente película sobre una pandemia apocalíptica que desde aquí recomendamos encarecidamente siempre que tenemos ocasión (aquí mi crítica y la entrevista que hicimos a los hermanos Pastor, sus codirectores y coguionistas).


Como decía, el capítulo parte de dos supuestos, uno mucho más desarrollado que otro. El primero, para abrir boca, nos cuenta lo que hacer en caso de sufrir un ataque con gas neurotóxico en el metro. El segundo, y la estrella de la noche de ayer, se metía en la piel de un grupo de supervivientes a una pandemia global, tipo gripe A.


Aconsejaba cómo acudir al supermercado y qué provisiones escoger (arroz y atún enlatado para una boda, sobre todo). Cómo hacer frente a la posible infección de un miembro de nuestro grupo, cómo acondicionar una habitación para su cuarentena preventiva y su ulterior aislamiento, cómo hacer frente a un grupo de saqueadores, cómo fabricar un spray de pimienta casero, cómo fortificar tu hogar y hacer barricadas efectivas al tiempo que fáciles de retirar. En fin, que está todo repletito de impagables consejos de supervivencia apocalíptica, qué os voy a contar que no sepáis ya... El dato fundamental es que se tardarán entre tres y cuatro meses en preparar una vacuna, así que hay que intentar sobrevivir al menos ese tiempo.




Lamentablemente, sólo he encontrado el episodio de la pandemia (primera temporada, episodio noveno) en ruso. Los que estéis familiarizados con le lengua de Tolstói le sacaréis todo el partido, pero si como yo, no entendéis ni papa, tendréis que conformaros con echarle un vistazo por encima al vídeo que pongo a continuación, y descargaros (desde megaupload en un sólo enlace por episodio) la primera temporada completa cortesía de Taringa.


Evidentemente, a la gente le ha faltado tiempo para ponerse manos a la obra y hacer episodios de Surviving disaster adaptados a la supervivencia en caso de Apocalipsis Zombi. Ni que decir tiene que la inmensa mayoría están perpetrados (que no realizados, dada su ínfima calidad) por tiernos adolescentes pajeros. Con la de hilarantes posibilidades que ofrece...

12 de enero de 2011

Bite Me, miniserie online de Machinima


Me he reído mucho viendo los breves episodios que componen esta miniserie que promete ser continuada poco antes del próximo verano, y espero que así sea. Porque estoy deseando saber qué les sucede a nuestros protagonistas, a saber, tres frikis adictos al Dead Rising, la novia petarda de uno de ellos y la amiga buenorra con novio musculado y sin cerebro. Clichés arquetípicos pero divertidos todos ellos. Porque eso es lo que pretende esta serie: dar lo de siempre pero con una sonrisa en los labios algo actualizada. ¿Qué sería lo primero que haríais muchos de vosotros en caso de Apocalipsis Zombi? Ponerlo en facebook, a que sí...


El director es Jarret Lee Conaway, el guión corre a cargo de Andy Shapiro y Bob Queen. Aquí os dejo los cinco episodios, uno detrás de otro. A buen seguro que pasáis un buen rato. Desde luego, lo que queda bien claro es que cuando los zombis se levanten en pos de la carne de los vivos, aquellos que parecemos unos frikis tarados, nos alzaremos como el último bastión de la humanidad... y nos lo pasaremos en grande.









13 de diciembre de 2010

Valoración de la primera temporada de The Walking Dead


A mí el sabor que me ha dejado en la boca la primera temporada de la esperadísima adaptación del universo zombi de Kirkman es agridulce. Y soy de los de salsa de soja... HABRÁ algo de SPOILER.

La serie comenzó de una manera soberbia y espectacular pero pronto se vino un poco abajo. Su primer episodio a todos nos entusiasmó, no así el segundo, que caía un poco situaciones reiterativas sin pizcha de chispa ni originalidad. Y esto mismo es lo que le sucede a partir del capítulo 3 o 4 a la serie de Frank Darabont, que alternará curiosas situaciones bastante dignas, el ataque al campamento, la premonición de cavar fosas, la polémica acerca de los enterramientos de los cadáveres de miembros del grupo, las despedidas de miembros de la caravana de supervivientes, con otras manidas y que dejan muy claro el nivel de intelecto que se precisa para seguir la líneas propuestas por los guionistas.

Señores, sin ánimo de ofender, pero si ven ustedes que no se les ocurre nada mejor que añadir el personaje de una ancianita líder carismática de una banda de peligrosos pandilleros urbanos, el de la mujer víctima de malos tratos, o el del doctor chalado presentado al estilo Desmond Hume en LOST con ganas de suicidarse metidito en el búnker experimento va, experimento viene, casi mejor que se ciñan un poquito más a la obra y no traten tanto de satisfacer nuestras ansias de renovación milenarista. Si la van ustedes a cagar, mejor esténse quietecitos y no me toquen nada. Con lo fácil que lo tienen, con ese magnífico guión, bastaba con jugar con el tempo y desarrollar seis acontecimientos relevantes, uno en cada capítulo.


Si el capítulo de las bandas integradas por bellísimas personas que fingen ser sanguinarios asesinos te deja un tanto perplejo (un intercambio de rehenes un tanto chusco), el del doctor que usa su propio aliento a whisky como salvapantallas ya es para mear y no echar gota. Del qué bueno es el doctor al qué malo es el jodío pasamos en menos de 24 horas. Y con razón, porque mira que venir ustedes cuando falta menos de un día para que esto se ponga como la entrepierna de un gremlin dentro de un microondas. Si yo me iba a morir, caray, pero casi mejor les abro la puerta y así les mato también a ellos. Pero luego les voy a perdonar, porque a fin de cuentas ellos no tienen la culpa de que yo haya sido siempre un inútil, y esto fracasa porque yo he fracasado, así que les abro un puerta y les digo con una sonrisa «¡tontorrones, que era broma, venga tirad palante e id por la sombra!», y Rick se va pero cuando pasa a mi lado le digo lo de que Lory está ambarazada, el caso es decir algo que no se oiga para que la gente hable de ello en los foros. Y entonces se van ignorantes de que les espera la muerte inexorable en forma de cristal irrompible. Menos mal que estaba por ahí la granada para salvar el día. No hay por donde coger esta situación.

Si en un lado de la balanza colocáramos la aventura vivida en la colonia de chalets llena de nieve donde se refugian los personajes de Kirkman y en el otro el asunto este del doctor y el CDC se vería con claridad lo que sucede con esta serie, que no tiene el talento del guión original y por ello palidece. Si fuera original, probablemente nos habría satisfecho más, aun cuando sus limitaciones sean evidentes. Cualquier persona que se haya leído el cómic te diría, siendo honesto, que es la versión para niños del cómic de Kirkman.

Mi deseo para la segunda temporada es que exploren lo menos posible fuera del esquema de Kirkman. ¿Por qué? Porque les sale mal.

12 de noviembre de 2010

Crítica sobre The Walking Dead, la serie


Antes de nada quiero agradecer los incontables comentarios jocosos acerca de mi mutismo bloguero. Pues nada, tras meses de parón indiscriminado y unilateral, Z0MBI regresa a sus pantallas. Ignoro con qué intensidad o regularidad. Después de todo este tiempo a mis pútridos músculos les cuesta moverse con agilidad, así que no prometo nada. A partir de ahora seré un zombi lento, romeriano, no como antes, que era de Danny Boyle, de los de a entrada diaria casi. Sin más digresiones, retomo el asunto de este artículo... y aviso que si alguien no ha visto los dos episodios, haré algo de spoiler de los aspectos que se salen de la trama del cómic.


Si hay algo que todos deseábamos era esto. Que hayan tardado tanto en realizarlo se lo podemos perdonar, sobre todo después de ver el primer episodio, magistral de todo punto. Resulta curioso que la pérfida Albión con su suculento y terrorífico Dead Set fuera la primera, pero ahí está el Tío Sam para poner las cosas en su sitio y reclamar para sí el monstruo que, a fin de cuentas, ellos mismos crearon a finales de los sesenta: el zombi mordiscón.


El primer episodio es francamente memorable, pues nos introduce a la perfección y de golpe y porrazo en ese nuevo mundo donde los muertos han dejado de estarlo y andan en pos de uno para comérselo. Resultan también estupendos y sumamente creíbles los diálogos entre ambos policías en el interior del coche, y es de agradecer que arrojen la comida a la papelera, porque nadie la arroja desde el coche como Nick Nolte, y cualquier intento de imitar este aspecto resultaría ridículo.  El detalle de las flores marchitas es estupendo y muy cinematográfico, y que Rick se despierte respondiendo por fin a su amigo al respecto de habérselas traído en semejante jarrón, resulta perfecto. Y entonces trata de incorporarse y todos sabemos lo que se va a encontrar. Aquí debo hacer un inciso y mandar callar a muchos que veían en el inicio del cómic un argumento para defender la falta de originalidad y la legitimidad de los «préstamos literarios» o «inspiraciones» en el género zombi. Tanto el inicio de 28 days later y del cómic The Walking Dead (y por ende de la serie), con el protagonista despertando en un hospital e ignorante de cuanto ha acontecido a su alrededor mientras dormía, es simplemente un claro homenaje a una de las mejores novelas apocalípticas de todos los tiempos: The Day of the Triffids. Esto ya lo he dicho cien veces, pero ahí va, ciento una. Y no es más que eso, luego nada tiene que ver la acción desarrollada con la obra de Wyndham. Eso es lo que se conoce como homenaje. Los plagios son otra cosa.


Uno de los aspectos a destacar de la serie es que la disfrutas más, si cabe, si eres lector de la serie homónima de cómics por todos los aspectos diferentes que introducen en ella. Evidentemente, todos los lectores de la misma ardían en deseos de que se llevara a la pequeña pantalla, de ahí que tuvieran que tener especial cuidado con el tratamiento que le daban a la misma. Si optaban por contar las cosas tal y como tenían lugar en el cómic, sinceramente, yo me habría aburrido sobremanera. De ahí que valore tan positivamente los cambios introducidos: la niña muerta andando entre los coches (en un ambiente que le hace al lector del cómic pensar que bien pueda tratarse del camping que han montado Lory y los demás a las afueras de Atlanta), que no abra la puerta que da a la cafetería del hospital, con esas manitas muertas pugnando por abrirse paso hasta nuestro protagonista, las cerillas en las tétricas escaleras, ¡una última cerilla, enciéndela, caray, que te la estás jugando!, el tanque, por Dios, ¡el tanque!, qué gran idea, qué gran momento, qué risas, qué estruendo supone disparar en su interior, impagable, la concatenación de eventos entre la muerte de la zombi de la bici, pobrecica, junto con el intento, fallido, por parte del padre de matar a su mujer con el rifle... todo una maravilla.




Como digo, el primer episodio es francamente estupendo de principio a fin. Tras verlo, tocaba esperar siete días con sus interminables noches para hincarle el diente infeccioso al segundo. Y aquí tengo que decir que el segundo episodio ya no me sedujo tanto. A ver, entendedme, me gustó, pero no lo vi ni la sombra del primero por varios motivos. Si en el primero los cambios introducidos en la trama me parecían perfectos, en éste ya no los vi con tan buenos ojos. Que nos metan ahí a cholón la friolera de casi una docena de survivors en Atlanta me pareció exagerado y con poco sentido. La única razón que le veo es que HAY POCO PRESUPUESTO para rodar en las calles y llenarlas de zombis. De hecho, los zombis que vemos en este segundo episodio están menos trabajados que los del primero. El zombi de las alcantarillas no está muy allá, la verdad, así como algunos de los que se cruzan por las calles cuando van untados de carne podrida, por no hablar de las propias calles, que no me convencieron mucho la verdad, no me resultaron creíbles. ¿Por qué tanto papelito? ¿Acaso la gente se hizo barricadas con paquetes de folios? Entre tanto papelito al vuelo, yo me esperaba encontrar en consabido periódico que rezara «The Dead Walk!», pero no, y lo eché de menos. Pero eso no tiene importancia. Lo que sí la tiene es que nos metan un montón de supervivientes para que se pongan a hablar entre ellos delante de la cámara y ralenticen la acción hablando de colgantes de sirenitas, de si lo robo o no lo robo, cuando, por Dios, estás a menos de seis metros de una miríada de muertos vivientes de los que te separan unas malditas puertas de cristal. Le vi poco sentido a eso, la verdad, aunque me gustó que la cámara nos mostrara en esa escena los maniquíes, objeto importantísimo tan observado en grandes películas del género apocalíptico como Dawn of the Dead (1978), The World, the Flesh and the Devil, Quiet Earth o I am Legend.


Por no hablar de que cuando Rick se lía a hachazos con el cadáver de un muerto, el grupo de supervivientes estén ahí, en corrillo, mirando lo que hace y poniendo caras de asco, pero sin apartar la mirada, ay que asco me da pero esto no me lo pierdo, parecían pensar. Un tanto ridículo, ¿no os parece? Lo más sensato hubiera sido que el resto de supervivientes quizá empezara en corrillo, pero que luego se apartaran a vomitar a una esquina más tranquila, ¿no? Vamos, que yo no me quedo ahí mirando sin parpadear con cara de espantado y perdiendo cordura. Ahora que estoy viendo la escena con detenimiento, buscando una captura que refleje el absurdo que comento, me he percatado un fallo de raccord en los guantes del superviviente, creo que es Morales, el taco-bender, jeje, que releva a Rick en la tarea de desmembrar el cadáver: están limpios antes de coger el hacha y el casco, cuando recoge el instrumental descuartizador están impregnados de vísceras y luego vuelven a estar limpios cuando se dispone a acometer la tarea. Una tontería que no tiene mayor importancia, pero ahí está.




En cuanto a lo de untarse de carne muerta para despistar a los zombis, sinceramente, es algo que no me gustó ya en el cómic. Sobre todo porque es algo que, a excepción de Michonne, nadie vuelve a utilizar en absoluto, lo que resulta del todo ridículo. Pero voy más allá: siempre que se alude a los sentidos de los muertos a mí me entra la risa floja. Que si huelen, que si oyen, que si ven... ¡pero si están muertos, si no tienen ojos, si no tienen narices algunos, qué (coño) van a oler, ver y demás! Quizá el oído es el único sentido que pueda parecerme sensato que conserven. Aunque yo siento predilección por no hablar de sentidos convencionales y dotar a los muertos de un sexto sentido que parece indicarles que en ese edificio hay seres vivos, o que en esa dirección acaba de pasar un grupo de supervivientes bien fresquitos. Pero ver a Rick y al oriental cruzando esas calles de Atlanta impregnados de carne muerta, con una tripilla colgando que otra y andando como zombificados, me recuerda inevitablemente a Simon Pegg haciendo el zombi con sus colegas en Shaun of the Dead, no sé si me explico.



¿Y la llave de las esposas? Ya es (puta) casualidad que se le caigan por el sumidero. Hubiera quedado todo mucho más sensato y creíble, si el negro apaleado y ofendido le hubiera dicho, «amigo, ahí te quedas, por cabrón», y que luego, en un ataque de remordimientos, le hubiera cerrado la puerta de la azotea para que no se lo comieran los zombis, pensando, «total, no tiene muchas opciones de escapar...». Si lo que querían era gestar a un enemigo terrible que les vaya a fastidiar su tranquilidad campera (porque claro, el tipo éste sabe perfectamente dónde está su campamento), bastaba con hacer lo que digo o alguna otra cosa con más sentido y menos «casualidades de la vida».


Si nos paramos a analizar cómo escapan los supervivientes del edificio, parece que nos encontremos con otro «homenaje» al género, aunque esta vez ese homenaje a mí no me funciona y me parece más un «no sé salir de este lío si no es tirando de algo que ya han hecho otros». ¿No os parece que su método de escape es muy similar al de los supervivientes que llegan a bordo de un camión al centro comercial del remake de Snyder? Con la diferencia de que unos salen y otros entran, pero el rollo es básicamente el mismo. Y pensar que todo esto se lo podrían haber ahorrado de no meter ahí la friolera de casi una docena de supervivientes... ¿Pero no era una misión de aprovisionamiento? ¿A santo de qué entonces van para allá tantos, si lo que hacen así es atraer más y más zombis? 


Un cambio que me parece curioso es el de Lory. En el cómic se nos muestra que su relación con Shane es más fruto de la desesperación y el miedo que otra cosa; de hecho, ella le ha rechazado una vez que se han encontrado más seguros en el campamento, pero en la serie le dan un cariz interesante y es que, si bien se siente algo cohibida con la visión de su alianza colgando del collar, poco tarda en quitársela y dejarla sobre el césped para disfrutar de las pocas cosas que le permiten sacarle jugo a la vida, tal y como están las cosas. Este es un cambio que me agrada, porque ignoro dónde puede ir a parar... ¿Os imagináis a Lory ofreciéndoles un trío amoroso, como la protagonista de The World, the Flesh and the Devil?


En resumidas cuentas, que vistos los dos primeros episodios, mis sensaciones son positivas en general aunque con ciertas reservas en lo que se refiere al segundo. Y me resulta curioso que justo lo que vi muy positivamente en el primero, esto es, los cambios en la trama con respecto al cómic, sea precisamente lo que más me chirría del segundo. En fin, que me está gustando mucho, no os creáis lo contrario, pero que os quede claro que esta serie tiene poco presupuesto y que casi todo se lo ha llevado el bueno de Nicotero, y que pese a ello ha obtenido un resultado irregular. De cualquier manera, seguiré disfrutando como un enano de cada episodio, me guste más o menos, poco importa. Es una maravilla ver a Rick en las pantallas y que no se trate de un fan video (que algunos están muy bien, como el de las llamadas telefónicas, pero saben a poco). No cabe duda de que lo mejor está por llegar, sobre todo en su segunda temporada, cuando a buen seguro llegarán a la cárcel...

Y una última recomendación: mejor vedla en versión original con subtítulos, si queréis, pero en inglés, de veras. El doblaje me ha parecido francamente malo, amén de que la han cagado en un par de cosas, cambiando el sentido de algunas frases. Por ejemplo, cuando el padre comprueba si tiene fiebre y dice «le está bajando», Rick espeta «no creo que tenga fiebre», a lo que el padre le contesta «lo notarías». Realmente en inglés dice «no tiene fiebre», «no creo que tenga fiebre» y «NO LO NOTARÍAS». Que le diga «lo notarías» no tiene el menor sentido. En fin, que tampoco me he visto entero el primer episodio doblado, la verdad, pero desde aquí desaconsejo totalmente su visionado basándome exclusivamente en este diálogo. Además, como digo, el doblaje me parece muy mal conseguido y le resta verosimilitud.

Y una última pega, por ponernos pejigueros ya, pero que es más una queja genérica contra todos los encargados de efectos especiales del género zombi: ¿a qué tanta sangre dentro de una cabeza muerta? Esto es algo que siempre me ha parecido un error y quizá más un débito al cine gore que otra cosa. A los muertos en sus ataúdes se les va la sangre a la espalda, de ahí la lividez de los rostros. La gravedad es la gravedad, amigos. Dado que los muertos vivientes no se están quietos y andan, la sangre debiera agolparse en sus patitas y éstas adoptar un tono negruzco. Pero al poco tiempo esa sangre se seca y punto. Así que no hay sangre que salpique en la cabeza de un zombi, pero bueno...


PD: si alguien no ha visto los dos primeros episodios, que me perdone el spoiler y que se los descargue de Vagos, por ejemplo, que los tienen subidos ahí de todas las maneras imaginables.

24 de julio de 2010

Trailer de "The Walking Dead", la esperadísima serie


Hale, todo el mundo a llevarse las manos a la entrepierna. Lástima la calidad, pero eso creo que nos va a dar igual. Disfrutadlo como se merece.

14 de junio de 2010

La escuela zombi de The Walking Dead, la serie


Sin duda uno de los trabajos que todos nosotros desempeñaríamos a la perfección es el de zombie trainer, la persona o personas que se dedican a adiestrar a los zombis de cada película a comportarse como tales de una manera convincente y consistente. Muchas veces, el papel de zombie trainer lo desempeña el propio director, pero desde zombiblogia queremos romper una lanza y que esta profesión requiera de una titulación, hasta universitaria (os juro que, si nos ponemos, entre todos sacamos cinco años de carrera con todas sus asignaturas, troncales y optativas). ¡Ya basta de intrusismo! ¿Qué quieres ser de mayor, hijo mío? ¡Zombie trainer, mamá!

En el siguiente vídeo podremos ver cómo se entrenan los zombis de la inminente adaptación televisiva del mejor cómic de todos los tiempos: The Walking Dead. El zombie trainer, aquí zombie choreographer, es Matt Kent, un tipo con suerte, sin duda. Me encanta ver lo bien que cambian de dirección (minuto 2:00), dan mucha impresión, no me digáis que no...

4 de mayo de 2010

89, nueva serie española online de zombis


Héctor Prio se ha puesto en contacto con zombiblogia para informarnos de que ya han comenzado a rodar una serie online de zombis. El proyecto surgió al haber realizado una fuerte inversión en material con el objeto de rodar una película de zombis que no llegó a buen puerto al surgir problemas serios con la producción (más concretamente, en el productor, pero ésa es otra historia), y toda esa inversión no podía caer en saco roto, de manera que se han decidido a acometer el rodaje de una serie online de la misma temática putrefacta.


Cada episodio lo rodará un director distinto, pero todos ellos van enfocados a desvelarnos la trama que envuelve con una madeja de misterio a un personaje, nuestro protagonista, Pablo, que tendrá que vérselas con sus vecinos reanimados al tiempo que sobrellevar la pérdida de su amada y su posterior transformación en muerto viviente.


Héctor Prio tiene muy buen hacer fílmico, como podéis observar en la web de su productora, Priosanchez Factory, donde realizan todo tipo de producciones audiovisuales que uno pueda desear.



En su web oficial podéis encontrar fotos del rodaje como las que intercalo por aquí, así como el miniteaser y el trailer propiamente dicho, que podéis ver a continuación.





Quedamos ansiosos y a la espera del primer capítulo: El regreso, dirigido por Héctor Prio. ¡Muy buena suerte con el rodaje, amigos de Priosanchez!